15 de diciembre de 2010

El dominio de la inteligencia emocional

A continuación les hago llegar un ensayo que hemos realizado entre mi ex compañero del MBA Arturo Barreno y yo para la materia de Capital Emocional. Espero sea de utilidad y reflexión para su vida personal y profesional.

El dominio de la inteligencia emocional:una necesidad en la cotidianeidad; una obligación para el liderazgo

En base a las experiencias cotidianas vividas y en los conocimientos obtenidos acerca de la inteligencia emocional podemos decir que negar el valor de la inteligencia emocional es comparable a dejar de admitir la existencia —literalmente— de una de las mitades que conforman la mente humana. En consecuencia, subestimar la importancia de la inteligencia emocional es tanto como negar una visión global y auténtica de nuestra naturaleza.Esta subestimación es, por tanto, un camino seguro hacia el fracaso empresarial, pues las empresas son, antes que ninguna otra cosa, comunidades de personas.


Las personas que son conscientes de esto pueden optar por esforzarse en ejercitar su inteligencia emocional, obteniendo enormes ventajas.Nuestras experiencias —tanto personales como profesionales—, nos confirman que estas personas disfrutan de una serie de beneficios muy sustanciales. Entre estos, podemos mencionar algunos especialmente importantes: el disfrute de relaciones más armoniosas y de un óptimo equilibrio psicológico, así como el ejercicio de una mayor influencia y liderazgo en todos los ámbitos de la vida social.

Si el dominio de la inteligencia emocional se hace necesario en todas las facetas de la vida cotidiana, en el contexto de la empresa y, muy especialmente, en el ejercicio del liderazgo, se hace imprescindible. No basta ya un uso corriente de la inteligencia emocional, sino una auténtica maestría en su ejercicio. Opinamos que la característica fundamental que identifica al líder que domina la inteligencia emocional es su correcta gestión de las emociones propias y ajenas. Un líder experto en el uso de la inteligencia emocional encuentra en las emociones unas valiosas aliadas, no un conjunto de enemigos irracionales que obstaculizan el buen desempeño de su trabajo. Para este líder, las emociones son magníficas fuentes de información que le aportan conocimiento acerca del medio con el que interactúa. Todas estas características, combinadas con el dominio de las correspondientes competencias técnicas, son las que hacen de estas personas lo que hemos decidido llamar líderes excelentes.

El liderazgo de un líder excelente

Conviene comenzar este apartado realizando una distinción fundamental entre dos conceptos similares en apariencia: el jefe y el líder. Un jefe posee potestad, es decir, poder otorgado por sus superiores. Un líder tiene, además, autoridad, pues su poder es reconocido por sus subordinados. Para que una persona sea un auténtico líder —no un simple jefe— no basta con que posea un conjunto de competencias técnicas. Además debe ser, como hemos mencionado antes, un maestro en el ejercicio de la inteligencia emocional.

Un líder excelente conoce a cada uno de sus colaboradores y se preocupa por ellos. Es capaz de aglutinar sus distintas voluntades, dirigiéndolas hacia el logro de un objetivo común. Es consciente de que un porcentaje muy significativo de la calidad del clima laboral depende de él y, por ello, se esfuerza por crear un contexto emocional positivo en la empresa. Gracias a ese contexto, logra crear un ambiente caracterizado, entre otras cosas, por una excelente comunicación, colaboración, asertividad, creatividad y pasión. Este líder confía en sus colaboradores, dialoga con ellos escuchándolos activamente, les respeta, les exige en su justa medida, delega y trata de solucionar los problemas. Tiene una idea diáfana de la visión estratégica, la misión y los objetivos, y sabe comunicarla a sus colaboradores con absoluta claridad. Con el tiempo, logra ser el merecedor de la confianza de aquellos que le rodean, que es el fuerte nexo de unión que mantiene cohesionadas a las personas de la organización.

La motivación de un líder excelente

Un líder excelente hace un uso intensivo de su inteligencia emocional para detectar las necesidades emocionales de sus colaboradores —como el afecto, el logro o el poder— y basa la motivación de cada uno de ellos en la satisfacción de estas necesidades. En esta tarea, el ejercicio de la empatía —ponerse en el lugar de los demás, comprendiendo sus sentimientos— se hace especialmente importante.El líder excelente es, además, un experto en la detección de talentos en las personas, y les ayuda a desarrollarlos para que puedan alcanzar su auténtico potencial: no tratará a una persona como aparenta ser, sino como puede llegar a ser.

El líder excelente podrá obtener, de esta manera, resultados sobresalientes: motivará a sus colaboradores al tiempo que les ayuda a desarrollarse. El hecho de contar con personas verdaderamente motivadas y con sus talentos plenamente desarrollados hará posible que el líder excelente pueda obtener de ellas lo mejor que pueden llegar a ofrecer.

En una próxima entrada encontrarán más información acerca de este tema...

Karina Da Silva
Arturo Barreno